Recomendaciones para el manejo adecuado de suelos alcalinos

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En la agricultura se maneja un dicho muy común con respecto al tipo de suelo: “ni muy ácido ni muy alcalino”. Como agricultores, sabemos muy bien que no es idóneo trabajar en un suelo con un nivel de pH menor que 5,6, pues se trata de un suelo fuertemente ácido. De la misma manera, una situación a la inversa no es la ideal. En un suelo con un pH elevado, es necesario llevar a cabo las prácticas más recomendadas para el manejo de suelos alcalinos.

Antes hablamos sobre el manejo adecuado de suelos ácidos. Puedes consultar la entrada aquí: Manejo de suelos ácidos: datos y recomendaciones.

En este post, nos enfocaremos precisamente en esas prácticas, en las cuales el requerimiento es de reducción de los niveles de pH, o que equivale a someter el terreno a un proceso de acidificación.

¿Qué es un suelo muy alcalino?

Se habla de un suelo muy alcalino, cuando su pH supera los 7,5 en la tabla del pH. Las razones de esto son varias, puede tratarse de parcelas en zonas muy secas o áridas, con una pluviometría muy reducida o escasa, por la naturaleza misma del terreno, o podría deberse al vertido de aguas con sustancias muy alcalinizadas.

manejo de suelos alcalinos

Foto cortesía de fiasa.mx

Cabría preguntarnos: ¿cuáles son las principales inconvenientes de estos suelos?, y las respuestas son varias:

– Generalmente este tipo de suelos contienen altos contenidos de carbonato de calcio, lo cual genera que las plantas no absorban la mayor parte de los nutrientes del suelo.

– Como consecuencia, este tipo de suelos muy alcalinos, a pesar de que contengan grandes cantidades de hierro de modo natural, o por más sulfato de hierro que le agreguemos artificialmente, las plantas siempre presentarán carencias de hierro y fósforo, ya que la sobre calcificación del suelo impide que estos sean absorbidos por las raíces de las plantas. Se forma una especie de capa de calcio que como una esponja retiene el hierro y el fósforo, y a pesar de estar presentes en el suelo, las plantas no se benefician de estos.

Si subir el pH de un suelo es un procedimiento relativamente sencillo, por medio del método del encalado, o adición de cal, por su parte el proceso contrario, la acidificación, lograr bajar los niveles de pH, es algo más complejo y costoso, que conlleva a buscar el mejor método de manejo de suelos alcalinos.

El principal efecto de reducir los niveles de pH en el suelo, es que se generan las condiciones apropiadas, para que las plantas absorban los nutrientes y minerales necesarios, para su crecimiento y desarrollo. Por otro lado estas enmiendas a nivel económico, se pueden reflejar positivamente en el ahorro de fertilizantes y en el aumento de la producción.

Métodos para reducir la alcalinidad del suelo

Dentro de los procedimientos más eficaces, para bajar los niveles de pH en los suelos, se contemplan aquellos que incluyen, el uso de sulfato de aluminio combinado con materia orgánica, así como dejar de usar fertilizantes que suban los niveles de alcalinidad.

De acuerdo a estudios y trabajos de campo realizados, en relación con los métodos para el manejo de suelos alcalinos, podemos mencionar los siguientes 6 métodos, como los más efectivos, ya que han sido probados durante años alrededor del mundo, con muchos  tipos de terreno.

Los seis métodos infalibles para el manejo de suelos alcalinos

1. Incorporar materia orgánica al suelo:

Los procesos de descomposición de la materia orgánica, producen una reacción ácida, la cual ayuda considerablemente con la disminución del pH. Durante la descomposición, en la materia orgánica se producen ciertos microrganismos y bacterias, que al alimentarse de esta, crean a su vez subproductos ácidos, los cuales pasan a los diferentes niveles y sustratos del suelo.

Dentro de los muchos tipos de materia orgánica, que puedan encontrarse disponibles, deben usarse tantos como puedan ser incorporadas; sin embargo, es de acotar, que las más potentes y efectivas son el compost, el estiércol seco, así como cortezas ácidas como el pino, ácidos húmicos y fúlvicos, los cuales son altamente acidificantes.

Este método requiere de tiempo para permitir la descomposición de la materia orgánica, y todo el proceso químico que de allí se deriva, por lo que se considera como una alternativa a largo plazo, la cual de ser sostenida en el tiempo, resulta bastante efectiva, siempre que se combine con otros procedimientos de acción más inmediata.

Por otro lado es importante de recordar que la materia orgánica, no sólo puede ser muy útil en los procedimientos de disminución del pH, también es un excelente aliado en mejorar los drenajes y la aireación de los suelos, lo cual es fundamental para unos buenos cultivos.

2. Incorporar sulfato de aluminio al suelo:

Este método es muy rápido, si no quieres esperar por los efectos de la descomposición de la materia orgánica, la incorporación de sulfato de aluminio puede ser de gran ayuda, ya que su rápido efecto de acidificante está altamente demostrado, tanto así que dicho efecto comienza desde el mismo momento en que se disuelve y se coloca en el terreno, a las pocas horas.

Se considera el mejor método para casos urgentes de acidificación, lo que lo ha vuelto un producto de gran demanda en la jardinería por ejemplo, ya que resuelve este problema en lo inmediato, reduciendo los niveles de pH en cuestión de pocos días.

Una consideración muy importante es sobre las cantidades del producto a ser aplicadas, las cuales van a variar dependiendo de varios factores, el pH original del suelo, así como las dimensiones del terreno. Existen algunas sugerencias estandarizadas, que nos dicen que por cada 500 gramos de sulfato de aluminio se puede reducir un punto en la escala de pH, por cada metro cuadrado de terreno, sin embargo cada suelo tiene sus características muy particulares, que conviene conocer, ya que el exceso de sulfato de aluminio resulta perjudicial para las plantaciones. Por lo que se recomienda usar mecanismos precisos de medición, antes de aplicar el producto.

3. Incorporar azufre al suelo:

En comparación con el sulfato de aluminio, el azufre es mucho más económico y más fuerte (en cuanto a las cantidades necesarias), pero a la vez su acción es más lenta, debido a que el azufre requiere ser metabolizado por los microrganismos bacterianos del suelo, para ser transformado en ácido sulfúrico, proceso que requiere su tiempo. Dependiendo de los niveles de humedad del suelo, de la abundancia de población bacteriana, así como de la temperatura, el azufre se puede demorar unos meses en generar un efecto significativo en el suelo.

Tal y como lo señalamos anteriormente, en comparación con el sulfato de aluminio, generalmente se requiere de cantidades pequeñas de azufre para generar el mismo cambio en el pH del suelo. Las medidas generales son de 90 gramos de azufre para bajar un punto en la escala, por cada metro cuadrado de terreno. Sin embargo lo mejor es contar con mediciones precisas, de cara a las condiciones particulares del terreno.

4. Incorporar urea recubierta con azufre

Al igual que el sulfato de aluminio y el azufre, al agregar la urea con azufre, se activa un mecanismo químico que incrementa la acidez del suelo en un mediano o largo plazo, lográndose así bajar los niveles de pH de manera significativa. De por sí la urea es un producto de acción bastante rápida, de la que se pueden esperar resultados a las pocas semanas de aplicación, luego de ser incorporada en el terreno.

Es bastante común encontrar la urea recubierta de azufre, entre los fertilizantes, lo que facilita la posibilidad de usar el fertilizante con ambos propósitos, como nutriente del suelo, a la vez de ayudar en la disminución de la acidez.

Sin embargo es muy importante de notar, que los contenidos de urea y azufre varían de un fertilizante al otro, por lo que esto se debe tener muy en cuenta. Lo más recomendable es leer cuidadosamente las instrucciones sobre la dosificación requerida, dependiendo del tipo de suelo y los niveles de pH.

5. Agrega otros aditivos ácidos,

No sólo la materia orgánica, el sulfato de aluminio, el azufre y la urea con azufre, ayudan en la disminución del pH del suelo, existen otros aditivos y sustancias que pueden ayudar considerablemente en subir los niveles de acidez. Una gran cantidad de estas sustancias están presentes en fertilizantes, y componedores del suelo, también se pueden encontrar separadamente. Sus aplicaciones varían, así como las cantidades y el tiempo de acción, por lo que es muy importante consultar las instrucciones antes de aplicar las soluciones, para cerciorarse de estar usando las cantidades justas, también puedes asesorarte en las tiendas especializadas o con agricultores que las hayan usado.

El empleo de estas sustancias generalmente se hace, incorporándolos como solución diluida en el agua de riego, sin embargo al ser productos químicos, su manipulación requiere personal capacitado. En cuanto a los niveles del producto, lo más recomendable es que los terrenos se preparen antes de la siembra, para generar las condiciones idóneas, con los niveles óptimos de pH, dependiendo de los niveles necesitados, en función del tipo de cultivo, así como de la ubicación geográfica del terreno.

Dentro de los aditivos más comunes para el manejo de suelos alcalinos, encontramos:

– Sulfato férrico

– Nitrato de amonio

– Turba

– Fosfato diamónico

– Ácidos cítricos

– Ácidos fosfóricos

6. Sembrar plantas tolerantes a la alcalinidad,

Otro método que ayuda mucho en el incremento del pH del suelo es sembrar plantas basófilas, que son aquellas que se desarrollan en suelos básicos o alcalinos, está demostrado que ayudan a reducir los niveles de hidrógeno de modo gradual y natural. En la medida en que van creciendo las plantas, se desarrollan, hasta madurar y descomponerse, esa materia orgánica que regresa al suelo, promueve la creación de población microbiana y bacteriana, trayendo como consecuencia, que de modo gradual sube ka acidez.

Este proceso es parecido al de la incorporación de materia orgánica, pero es un proceso aún más lento, en tanto se necesita que las plantas crezcan, para que gradualmente depositen la materia orgánica en el suelo, sin embargo es un método usado en muchos lugares, dada su efectividad a largo plazo, lo que también da sustentabilidad en la reducción del pH, cuando estamos haciendo un buen manejo de suelos alcalinos.

azufre para el manejo de suelos alcalinos Antes de hacer una disminución en el pH del suelo es necesario conocer muy bien el terreno. La foto es de blogs.repsol.com

Entre las especies de estas plantas basófilas que pueden ser plantadas, dependiendo del tipo de cultivo claro está, encontramos las siguientes:

– Arbustos de hoja perenne, como el buxus, las lilas de California, entre otros.

– Plantas perennes, como las rosáceas, y algunas especies entre las Helleborus.

– Arbustos caducifolios, como las lilas, filadelfos y algunas especies del género Forsythia.

Estos son los seis métodos probados con ser los más efectivos en el manejo de suelos alcalinos, sus implementaciones pueden ser ajustadas a muchos tipos de terrenos con problemas de alta alcalinidad, independientemente de su locación, así como del tipo de cultivos que se deseen plantar.

Concluyendo debemos decir, que antes de plantearte hacer una disminución en el pH del suelo, debes conocer muy bien el terreno, sus características y niveles óptimos de alcalinidad, en función con las condiciones geográficas y medio ambientales, así como considerando el tipo de cultivo que se quiere plantar.

La reducción del pH del suelo, tal y como vimos es un proceso que puede darse de modo rápido, a mediano plazo o más lentamente, dependiendo de los métodos empleados, pero más allá de eso, es muy importante mantener un monitoreo permanente una vez aplicado los correctivos. Así se garantizará que los niveles de alcalinidad se mantengan dentro de los rangos deseados, al unísono de mantener el terreno fértil y nutrido, para que las plantas puedan crecer, desarrollarse y dar los frutos que se esperan en todo buen cultivo.

La medición permanente del pH, es una rutina imprescindible en el manejo de suelos alcalinos, ya que es la única forma de controlar los métodos correctivos, la frecuencia de los mismos, así como sus combinaciones. Lo ideal es hacer mediciones mensuales con instrumentos profesionales de medición, y llevar un registro histórico referencial.

Es de suma importancia evitar a toda costa el uso de fertilizantes de acción alcalina, ricos en sodio, calcio, fósforo o magnesio, ya que tendrán un efecto contrario en el suelo, es decir en vez de bajar el pH lo aumentarán.