18 noviembre, 2016
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Rotación de cultivos como buena práctica en el campo

rotación de cultivos

La rotación de cultivos es una práctica sumamente bondadosa en el campo. Implica la sucesión de diferentes especies de plantas en el mismo terreno a través del tiempo, lo cual trae consigo múltiples beneficios. En esta entrada, revisamos todo lo que el agricultor debe conocer sobre esta práctica.


Comencemos mencionando que esta técnica apunta a minimizar el desgaste del suelo optimizando el uso de recursos. Esto permite no solo evitar la proliferación de enfermedades, sino atender las necesidades nutricionales de la cosecha.



Objetivos de la rotación de cultivos


De entre los principales objetivos de esta práctica, encontramos:


- Mantener y mejorar el contenido de materia orgánica de los suelos


- Incrementar la rentabilidad en comparación con los monocultivos, pues se aumenta la fertilidad del suelo y se crea un balance entre los nutrientes requeridos por las plantas


- Reducir la erosión hídrica y eólica


- Mejorar la capacidad de infiltración, aireación y estabilidad de los suelos


- Reducir la aparición de enfermedades y maleza, así como la proliferación de insectos



 Pasos a seguir en el diseño de la rotación:


1. Elegir los cultivos que se incluirán en la rotación y estudiar sus su ciclo: en este primer paso el agricultor evaluará aquellos que son más convenientes para la productividad de las cosechas. Se deben tener claros los periodos de tiempo de cada ciclo de cultivo. De modo que una vez finalice un ciclo, la parcela sea sembrada con una nueva especie, o con abonos verdes.


2. Estimar la superficie necesaria: siempre es necesario realizar una estimación del terreno que indique si se cuentan con los espacios suficientes.


3. Establecer las parcelas: lo más práctico es dividir el terreno disponible en parcelas, también llamadas hojas.


4. Organizar los grupos de cultivos: los grupos se establecerán según varios factores. Como aquellos que pertenezcan a la misma familia, los que tengan un ciclo similar, y exigencias nutricionales parecidas.


5. Diseñar la rotación: según los criterios de cada cultivo se realizará un plan para establecer las combinaciones más efectivas en los tiempos de rotación.


6. Diseñar la alternancia: una vez diseñada la rotación de cultivos, se deben establecer los tiempos de alternancia en función de la cantidad de parcelas.



Criterios a tener en cuenta por el agricultor


Al finalizar un ciclo de cultivo, y en función del tipo de plantación, los elementos nutricionales presentes en el suelo se ven notablemente disminuidos. En este sentido, volver a sembrar la misma especie de planta sobre el mismo terreno sería un error, pues esta no contaría con todos los componentes orgánicos necesarios para su sano desarrollo.


Para que esto no suceda es de mucha importancia que, luego de terminar el primer ciclo de cosecha, se haga un estudio del suelo que permita evaluar las propiedades físicas y químicas.


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Si al realizar el estudio se consiguen bajos niveles de nitrógeno, por ejemplo. Sería conveniente que el siguiente cultivo contenga plantas productoras de este elemento. Como podrían ser las leguminosas, las cuales fijan el nitrógeno atmosférico.


Por su parte, un cultivo que tienda a compactar mucho la tierra, debería seguirle uno que le deje mullida. Si se tratara de uno que desarrolla raíces superficiales, debería seguirle uno de raíces profundas.


Un criterio más general, pero no menos importante consiste en escoger cultivos de familias diferentes.


Así, por ejemplo, las solanáceas deberían estar seguidas de leguminosas y crucíferas. Estas a su vez les seguirían las Quenopodiáceas y Cucurbitáceas y, posteriormente, las Umbelíferas y liliáceas.


Si la rotación se realizara por el tipo de vegetación, lo conveniente es que luego de una planta de fruto, le siga una de raíz, luego una de hoja, seguida de una leguminosa y así sucesivamente.


Tenga en cuenta las asociaciones favorables o desfavorables. Para ello se requiere la evaluación de aquellas especies de plantas que pueden perjudicar o beneficiar las plantas cercanas. De este modo, podrá evitar la aparición de alelopatías.



Buenas prácticas para la rotación de cultivos


La prioridad es mantener los suelos siempre cubiertos. Para cumplir con esta tarea se puede recurrir a cultivos de ciclos cortos y abonos verdes.


Si hay plantas plurianuales, los nutrientes del suelo quedarán agotados rápidamente, por lo que se debe abonar una vez terminado el ciclo.


Una rotación bien realizada es aquella que, al culminar el ciclo de espera para la siguiente plantación, presenta parámetros agronómicos mejores o iguales a los iniciales. Con esto nos referimos al estado sanitario de la tierra, la fertilidad, etc.


Se aconseja establecer primero los cultivos de cabecera. Ejemplos pueden ser los que se dan en verano, tales como las solanáceas y cucurbitáceas.


Una vez establecido el cultivo principal, buscar el cultivo precedente. El mismo debería ser de ciclo corto, y capaz de aprovechar los restos de la fertilización orgánica.


Es conveniente incluir Leguminosas y Crucíferas en la rotación de cultivos. Estas aportarán nitrógeno y movilizarán el potasio  y otros minerales de las reservas del suelo.



Control de malezas, plagas y enfermedades


Rotar los cultivos permite romper con el ciclo de desarrollo y proliferación de enfermedades y plagas. Y es que algunas plantas sirven de hospedaje para ellas.


Un ejemplo claro es el mal de pie, patología ocasionada por el hongo Gaeumannomyces graminis, que aparece frecuentemente en las raíces del trigo. Sin embargo, al incluir leguminosas como la arveja, lenteja o lupino en la rotación, se reduce su incidencia.


Por su parte, algunas oleaginosas son capaces de eliminar organismos patógenos del suelo mediante la producción de exudados radicales como los isotiacianatos.


Cuando se trata del control de maleza, al igual que ciertas enfermedades, se encontrará que están asociadas a un tipo específico de planta.


Si además se repite la plantación de un mismo cultivo consecutivamente, habrá más probabilidades de aumentar la población de maleza.


La forma más sencilla de impedirlo, es interrumpir el ciclo de crecimiento de estas hierbas al incluir nuevas especies vegetales.


El control de la biodiversidad, permite al agricultor, reducir considerablemente la cantidad de especies de maleza presentes en el terreno. Las cuales pueden variar entre 10 a 50 tipos diferentes, dependiendo de la intensidad de la rotación.


En relación a las plagas, estas también interrumpirán su desarrollo una vez realizada la primera rotación de cultivos.


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